Esto no es lo que parece

(O por lo menos no sólo lo que parece)

Esto no es una guerra. Podría acabar siéndolo, pero por ahora no lo es. En las guerras hay destrucción, devastación y cuando terminan hay que empezar a construir desde cero. Después de un bombardeo, cuando has salido del refugio y te diriges a abrir tu pequeño comercio te encuentras con un agujero que se ha tragado el edificio entero. Esto es lo que pasa en una guerra. Hay que estar mal de la cabeza o ser muy mal intencionado para afirmar que lo que estamos viviendo ahora es una guerra. Tampoco se puede, en momentos de desasosiego, de incertidumbre y miedo, generar pánico vaticinando la peor crisis económica de la historia. ¿Pero qué clase de mensajes son estos?

Ha habido un parón. ¿Dos meses? ¿Cuatro? Para algunos de consecuencias muy graves, para otros menos, unos pocos ni se habrán enterado y para los de siempre una gran oportunidad de negocio. Ánimo, que eso es todo. ¿O no? ¿O hay algo más?

La maquinaria no se ha destruido. Se ha parado. No se ha estrellado el vehículo contra una pared y ha quedado inservible y listo para el desguace. Simplemente nos hemos quedado sin gasolina y tenemos que averiguar dónde queda el surtidor más próximo y calcular cuánto nos va a llevar el viaje de ida y vuelta. Y además el dueño del surtidor nos tendrá que fiar porque nos hemos dejado la tarjeta de crédito en casa. Y tendrá que hacerlo porque no sólo yo me he quedado sin gasolina. Somos muchos y si no nos dá crédito se le acabó el negocio.

Por otro lado, no creo que seamos víctimas de ninguna estrambótica conjura, por mucho que algunos líderes estén sembrando sospechas (algunos, por cierto, con muy poca sutileza). Y no lo creo por una razón muy simple. Hay que ser muy inteligente para elaborar un plan así (en su momento, el proyecto Manhattan reunió a su alrededor a las mentes más privilegiadas) un plan que, entre otras cosas, exige la creación de un sofisticado virus de caracterśiticas muy específicas. Pero a la vez, hay que ser completamente idiota para llevar a cabo el plan hasta sus últimas consecuencias. Gracias a esta dualidad de inteligencia/estupidez llevamos setenta y cinco años si que se haya declarado una guerra nuclear.

No hay pues conjuras ni diabólicos proyectos para desestabilizar balanzas internacionales, pero lo que sí ha habido es un escenario previo, unas condiciones iniciales. Antes de la aparición del coronavirus estábamos a las puertas de una crisis económica y social que obligaba a un replanteamiento muy serio de los modelos conocidos hasta ahora. Se hablaba mucho de China (siempre se ha hablado mucho de China) y de su exitoso modelo económico sustentado en un meticuloso equilibrio que se balancea entre la democracia y la dictadura, que recuerda mucho al movimiento libre de las moléculas de un gas cuando están confinadas en un recipiente. 

El escenario generado por el covid-19 representa una oportunidad única para que los gobiernos del “lado de acá”, amparados por resolutivos dictámenes científicos, diseñen con absoluta impunidad las nuevas reglas del juego (algunos, con cierta precipitación, ya han empezado a apuntar malas maneras).

Se han escrito muchos libros sobre “El día después”, la mayoría sobre tragedias nucleares. Algunos de ficción y otros de no ficción. Esta vez el libro va a ser un libro de historia titulado “El día después del confinamiento”. En este momento se me hace difícil discernir si será o no un libro de ficción.

Comentarios

  1. No, no es una guerra. Una guerra es un asunto entre seres humanos. Humanos matando humanos. Aquí, un bando sabe muy poco del otro. Y el otro no tiene la menor idea de la existència del primero.

  2. La pandémia no es una guerra;es una de tantas pestes causada por virus o bacterias que han asolado a la humanidad por siglos; se dice que en el año 404 A.C. una peste en que murió el gran Perícles causo el declive de la civilización griega. Cosa parecida se menciona del Imperio Romano. La actual se ha visto agravada y de carácter global debido al inmenso desarrollo del transporte y las comunicaciones; la vida saldrá avante.

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