ERDÖS (Ciudadano del mundo)

¿Quien es? ¿Qué pasa?- preguntó su mujer.

No pasa nada.- contestó Jhon.- Sigue durmiendo. Es un amigo.

Jhon no olvidaría nunca aquel domingo por la noche, cuando estaba en la cama junto a su mujer, dando los últimos retoques a un teorema sobre cálculo de probabilidades y empezaron a llamar a la puerta de forma insistente. Ahora no sabía cómo le explicaría a su mujer que aquella persona de aspecto estrafalario, con sandalias y una vieja maleta en la mano que estaba parado delante de la puerta de su casa, probablemente se quedaría a dormir una, dos o quizás tres noches. Y no podía pensar con claridad porque el corazón se le había disparado, porque aquel hombre que le miraba en silencio y con cierta picardía era ni más ni menos que Paul Erdös.

Esta es una escena que debió repetirse muchas veces en diferentes ciudades de los EEUU y también de la Unión Soviética. Porque Erdös abordaba a cualquier matemático al que él considerara una promesa, ya fuera en la calle, en la facultad o en su propio domicilio. Así, sin más.

EL ACADÉMICO ERRANTE

Paul Erdös nació el 26 de marzo de 1913 en Budapest en el seno de una familia de origen judío. Sus dos hermanas mayores, de tres y cinco años, murieron de escarlatina pocos días antes de que Paul naciera, lo que trajo como consecuencia  una cierta sobreprotección por parte de sus padres, Lajos y Anna, ambos maestros, que retrasaron su ingreso en la escuela, haciéndose cargo de su educación. Erdös se manifestó muy pronto como niño prodigio. No en vano, al cabo de unos años, el matemático I. Schurle le daría el sobrenombre de «el mago de Budapest» por la elegancia de sus métodos de resolución.

Finalizado el doctorado se trasladó en 1934 a Princeton, en donde, en colaboración con el matemático polaco Marc Kac, enunció su famosa «Teoría probabilística de números». En esta universidad permaneció sólo un año, al cabo del cual inició una vida itinerante que le llevaría a recorrer numerosos países en busca de matemáticos con talento.

Paul Erdös estaba permanentemente de viaje. Era su forma de vida, hasta el punto de que se hablaba del «académico errante» para referirse a él. «Ni Joe ni Sam pueden restringir mis viajes», decía Erdös haciendo alusión a la Unión Soviética y a Estados Unidos. Calzaba siempre con sandalias con calcetines y llevaba una vieja maleta en la que apenas había nada. Solía presentarse en casa de alguien a cualquier hora y sin previo aviso. «Abre tu mente porque vengo a traerte la luz», decía. Y por lo visto así era. Se decía que quien no había recibido a Erdös en su casa no era un verdadero matemático. Cuando llegaba a una universidad de cualquier país no entraba en contacto con las autoridades académicas, sino con alumnos brillantes, sin importarle ni la raza ni la religión (Erdös era ateo. Se refería a Dios como FS, es decir, Supremo Fascista, lo que no le impedía impartir cursos en escuelas católicas, a pesar de que, según decía siempre, eran lugares en los que había demasiados «signos más»). Su objetivo era explicarles lo que eran en realidad las matemáticas. En este sentido, son muchos los testimonios de gente que considera que la visita de Erdös supuso un cambio radical en su vida. 

Erdös no tenía familia, ni residencia fija, ni ningún tipo de empleo permanente. Sus facturas las pagaba el matemático R. Graham, de los Laboratorios Bell (con los ingresos de sus conferencias) y los impuestos los calculaba D. Kleitman, del MIT. Gastaba casi todo el dinero que llegaba a sus manos en apoyar algunos movimientos políticos en Estados Unidos (motivo por el que le fue negado el visado de entrada en este país durante mucho tiempo) y en pagar los premios que él mismo establecía y que iban desde 10 dólares por un problema sencillo, hasta los 10.000 «por un problema sin esperanzas». A este respecto cabe recordar que cuando recibió el prestigioso premio Wolf de matemáticas, sólo conservó para sí 720 de los 50.000 dólares con que estaba dotado.

AUNQUE EL UNIVERSO NO EXISTIERA, EXISTIRÍAN LOS NÚMEROS.

A pesar de su mente abierta y ciertamente renacentista, la mayoría del trabajo matemático de Erdös se centró en la Teoría de números. «Aunque el Universo no existiera, existirían los números», decía. De sus primeras 64 publicaciones, 61 versaban sobre Teoría de números. En este terreno abordó cuestiones fundamentales y difíciles a las que él aplicaba demostraciones elegantes. A los 26 años, su producción matemática ya superaba a la media de toda una vida. Es importante destacar la gran importancia que daba a los trabajos hechos en colaboración con otros matemáticos, y una buena prueba de ello es la de que de sus 1.500 artículos, cerca de 500 fueron escritos en colaboración con otros matemáticos. Defendió fervientemente las demostraciones elementales como la meta de belleza a la que todo matemático debería aspirar.

Paul Erdös falleció el 20 de septiembre de 1996, en el transcurso de una conferencia que impartía en Varsovia. Tenía ochenta y tres años y en el momento de su deceso portaba la documentación que le acreditaba para su siguiente conferencia en Lituania. Así pues, murió como había vivido siempre, viajando de un lado para otro.

En el epitafio de la tumba de Erdös se puede leer: “Por fin ya no me vuelvo más y más estúpido”

A la muerte de Erdös la comunidad matemática estableció una curiosa numeración, los llamados números de Erdös , que reflejan su gran influencia. Se establecen de la siguiente forma Erdös tiene el número de Erdös igual a 0. Todo matemático que haya sido coautor con Erdös de un trabajo matemático tiene número de Erdös igual a 1. Toda persona que haya sido coautora de un trabajo matemático con un matemático de número de Erdös igual a 1 tiene número de euros igual a 2 y así sucesivamente. 

Existen 485 matemáticos con número de Erdös 1,  5337 con número de Erdös 2. Algunos de estos números son ciertamente curiosos: Einstein 2, Noam Chomsky 4, Andrew Wiles 3, Bill Gates 4. 

 

Para todos los públicos
A caballo entre el final del bachillerato y el principio de carrera
Para matemáticos adictos a la cafeína.

Comentarios

  1. La matemática implica el plantear asuntos para resolver sin divagaciones y en forma precisa y es una de las herramientas mentales de las civilización tecnológica en que estamos viviendo y se utiliza en todos los campos científicos ; e incluso en la vida diaria a un nivel más sencillo de actividades.

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