Emmy Noeteher

 

Emmy Noether nació el 23 de marzo de 1882 en Erlangen, una pequeña ciudad alemana situada al sur de Gotinga. El nombre de Erlangen tiene tintes míticos para los que se han dedicado a las matemáticas, ya que quedó inmortalizado cuando se publicó el trabajo de Felix Klein, el famoso “Programa Erlangen”, que habría de revolucionar la Geometría.  No sería exagerado afirmar que, por aquel entonces, Gotinga era el centro matemático más importante del mundo. Su padre, Max Noether, era catedrático de matemáticas en Erlangen, por lo que Emmy (la mayor de cuatro hermanos) creció en el ambiente más favorable para alguien que acabaría manifestando una clara vocación por esta disciplina.

Gracias a su extraordinaria facilidad para los idiomas, Emmy obtuvo a los dieciocho años el certificado que la acreditaba como profesora de las lenguas inglesa y francesa, aunque nunca llegaría a ejercer como tal, ya que sabía que nada ni nadie lograría apartarla nunca de lo que ya era su verdadera pasión: las matemáticas.

A pesar de ser mujer, consiguió asistir durante los dos años siguientes a los cursos de matemáticas que se impartían en la Universidad de Erlangen. Algo que fue posible gracias a la insistencia de su padre, que gozaba de una gran influencia en los medios universitarios. Hay que tener en cuenta que a principios del siglo XX, cuando a las mujeres ya les estaba legalmente «permitido» estudiar en universidades alemanas, lo habitual era, con muy pocas excepciones, que un profesor no diera comienzo a sus clases si en el aula detectaba la presencia de alguna mujer. Era una forma perversa de discriminación, ya que la mayoría de ellas acababan abandonado el aula.

En 1903 y apesar de todas estas dificultades, Emmy Noether  aprobó un curso en Nuremberg y al año siguiente tuvo el privilegio de poder asistir a los seminarios que impartían matemáticos de la talla de Klein, Hilbert o Minkowski. En 1907, y apadrinada por P. Gordan, se doctoró con una tesis titulada «Sobre la construcción del sistema de la forma bicuadrática ternaria». 

Los problemas de discriminación continuaron cuando Emmy ya estaba en condicones de impartir a los demás sus conocimeintos, ya que a las mujeres no les estaba permitido dar clase en ninguna universidad alemana. Pero su padre encontró una pequeña fisura legal en la figura del “sustituto”, de manera que cuando él no podía impartir sus clases, algo que sucedía con frecuencia y para lo que encontraba excusas de todo tipo, Emmy aparecía en el aula en sustitución de su padre. Todos los intentos para que Noether llegara a acceder a un puesto académico remunerado fueron inútiles, hasta el punto de empujar a Hilbert a reprochar públicamente el sexismo de sus colegas al grito de: «¿Esto es una universidad o son unos baños públicos?»

En 1915, Klein y Hilbert la instaron a que se trasladara a la ciudad de Gotinga. Su estancia allí, según el propio testimonio de Emmy, fue una de las mejores épocas de su vida. Un patrimonio familiar bien administrado y un modesto tren de vida le permitieron dedicarse plenamente a la investigación y divulgar sus conocimientos dentro del selecto círculo de estudiantes que se generó a su alrededor.

Sus «satélites», como los llamaba ella, o los «chicos de la Noether», tal como se les conocía en los círculos intelectuales, se reunían en las aulas y cuando la Universidad cerraba por vacaciones, los convocaba al pie de las escalinatas de la entrada y se los llevaba a un bar o al bosque si hacía buen tiempo, para poder continuar con sus seminarios. A partir de la llegada del tercer Reich, las reuniones se celebraron en la buhardilla de su casa. Y  fue así cómo los “satélites” asimilaron nuevas teorías matemáticas que luego transferían al resto de la comunidad internacional, creando una Red (obviamente no digital) por medio de la cual podían transmitir no sólo conocimientos, sino también emociones, que no eran pocas.

De esta forma los resultados de sus investigaciones acabaron publicándose en numerosas revistas especializadas y su nombre empezó a circular por los círculos matemáticos más importantes de Europa, que habían empezado a darse cuenta de que Noether estaba iniciando una profunda reforma en el álgebra moderna, de la que daban testimonio publicaciones como Teoría de ideales en anillos o su famosa memoria sobre Sistemas hipercomplejos en sus relaciones con el Álgebra Conmutativa.

De esa época data también el artículo Invariante Variations Probleme, una de las obras maestras de Noether, en la que descubrió las profundas conexiones que había entre las simetrías y las leyes de conservación, una teoría que acabaría por influir de forma decisiva en la física del siglo XX. Lamentablemente no pudo ser «presentado en sociedad» por la autora, dada su condición de mujer, y fue Felix Klein quien lo hizo en su nombre. 

Noether era de origen judío y con el ascenso de los nazis al poder se vio obligada a abandonar su país. En 1933 se trasladó a Estados Unidos en calidad de profesora invitada en el Bryn Mawr College (Pennsylvania), donde por primera vez no fue discriminada en razón de su sexo. Einstein coincidió con ella durante el breve período que ésta pasó en Princeton, con lo cual tuvo ocasión de conocer a fondo  la teoría de invariantes que Noether había desarrollado y valerse de la misma para consolidar en un entorno algebraico la recién nacida Teoría de la relatividad. Para entonces Noether ya había establecido la correspondencia entre la simetría (o «invariancia») de un sistema físico bajo una operación dada (rotación, traslación, etc.) y la conservación de las magnitudes físicas. El «teorema de Noether», como pasó a ser universalmente conocido, permitió clarificar conceptos físicos básicos a la sazón abstrusos, como el de la conservación de la energía, entendida actualmente como simetría de un sistema físico con respecto al tiempo.

La muerte de Emmy Noether, acontecida el día 14 de abril de 1935, fue una sorpresa para todo el mundo, ya que murió en el curso de una operación que le realizaron para extirpar un tumor. Hacía tiempo que padecía de un cáncer uterino sobre el que no había puesto en antecedentes absolutamente a nadie.

Persona de extraordinaria simpatía, vitalidad y espíritu abierto, Emmy Noether era una auténtica enamorada del baile. Su pasión por la danza era tal que, en las fiestas a las que tanto le gustaba acudir, era ella la que casi siempre sacaba a bailar a los hombres. Era la época del swing, una de las variantes más alegres de Jazz.

Todos los que la conocieron coincidieron en que Emmy, además de sus extraordinarias facultades intelectuales, poseía el don de la generosidad, algo de lo que adolecían todos aquellos que en su momento la discriminaron.

1931 Emmy Noeteher en primer plano, en un encuentro con los algebristas, Paul Dubreil y su esposa Marie-Louise Dubreil

Para todos los públicos
A caballo entre el final del bachillerato y el principio de carrera
Para matemáticos adictos a la cafeína.

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